Las familias de hoy viven en una carrera constante contra el reloj. Entre el colegio, las actividades extraescolares, los deberes, las pantallas y los horarios encajados al milímetro, la infancia se está llenando de prisas y perdiendo algo esencial: tiempo para jugar, explorar y crecer con calma.
Cada vez más educadores y profesionales de la infancia coinciden en una idea clave: los niños y niñas necesitan más campo y menos agenda. No como un ideal romántico, sino como una necesidad real para su bienestar físico, emocional y social.

Infancias aceleradas: cuando el ritmo pasa factura
El estilo de vida actual ha reducido de forma drástica el tiempo que los niños pasan al aire libre. En España, cuatro de cada cinco escolares no tienen contacto diario con la naturaleza, a pesar de que quienes sí lo tienen muestran mayores niveles de bienestar.
Menos movimiento, más sedentarismo, más pantallas y menos juego libre no solo afectan al cuerpo: también influyen en la atención, el estado de ánimo, la gestión emocional y la capacidad para relacionarse con otros niños.
Para muchas familias, romper esta dinámica durante el curso es complicado. Por eso los periodos vacacionales se convierten en una oportunidad clave para reequilibrar la infancia.

El campo como espacio de bienestar y aprendizaje
Pasar tiempo en la naturaleza no es solo “salir a jugar”. Organismos como la American Academy of Pedriatics (AAP) o UNICEF destacan que el juego al aire libre:
- Favorece el desarrollo físico y las habilidades motoras.
- Reduce el estrés y la ansiedad.
- Mejora la concentración y la regulación emocional.
- Potencia habilidades sociales como la cooperación, la empatía y la resolución de conflictos.
Además, estudios recientes muestran que más de 3 horas diarias de juego al aire libre se asocian con mejores resultados en preparación escolar, desarrollo socioemocional y autonomía.
El campo, los huertos, los caminos y los espacios naturales son auténticas aulas vivas donde los niños y niñas aprenden sin darse cuenta, a través de la experiencia directa.

Campamentos: una forma real de “más campo y menos prisas”
Aquí es donde los campamentos en la naturaleza cobran un valor especial para las familias. Durante unos días —o semanas— los niños y niñas pueden:
- Desconectarse de pantallas y rutinas aceleradas.
- Jugar al aire libre sin prisas ni instrucciones constantes.
- Explorar, ensuciarse, experimentar y moverse libremente.
- Convivir con otros niños y niñas en un entorno seguro y estimulante.
En los campamentos de CEI El Jarama, el campo no es un complemento: es el corazón de la experiencia. Cada actividad está pensada para respetar los ritmos infantiles, fomentar la autonomía y ofrecer aprendizajes reales a través del contacto con la naturaleza.

Menos actividades programadas, más experiencias que dejan huella
Cuando los días están excesivamente estructurados, los niños pierden oportunidades para:
- Crear sus propios juegos.
- Desarrollar paciencia y curiosidad.
- Aprender a gestionar pequeños riesgos y tomar decisiones.
En cambio, en un entorno natural y acompañado por educadores especializados, el juego libre se convierte en una poderosa herramienta educativa que fortalece la confianza, la resiliencia y el bienestar emocional.

Una decisión que va más allá del verano
Elegir un campamento en la naturaleza no es solo una solución para conciliar durante las vacaciones. Es una apuesta por una infancia más equilibrada, más conectada con el cuerpo, el entorno y las emociones.
En un mundo que corre demasiado rápido, regalar a los niños tiempo, campo y experiencias auténticas es uno de los mayores regalos que pueden hacer las familias.
En CEI El Jarama trabajamos para que cada campamento sea ese espacio donde los niños pueden, por fin, bajar el ritmo, respirar, jugar y crecer a su manera.


